Presentación

“Lo contrario de jugar no es el trabajo, es la depresión”. Este es el pensamiento de un gran psicólogo al que le dio por pensar si los juegos servían para algo.

Nadie parece ocuparse de que la gente no se aburra. Y, sin embargo, cuando se mira alrededor, parece evidente que la mayor parte de la gente quisiera huir de su realidad. La gente se aburre. El trabajo no les distrae.

Solo sentimos que estamos haciendo un trabajo duro cuando lo hemos elegido nosotros, cuando lo controlamos y cuando nuestra mente nos dice que solo así seremos más felices. La verdad es que cuanto más lo piensa uno, más sorprende la falta de respuesta a la pregunta sencilla de saber qué es lo que de verdad nos hace sentir mejor.

Los especialistas más cualificados coinciden hoy en decir que la gente ganaría renunciando a formas activas de diversión y buscando un trabajo duro que le hiciera vibrar. Cuando se tiene miedo o se siente el peligro, o cuando la presión procede de una fuente exterior, la consiguiente activación neuroquímica extrema no aporta más felicidad a las personas; al contrario, las hace más combativas y airadas o las incita a escapar y doparse emocionalmente. O puede provocar conductas deshumanizadoras como abusar de las drogas.

Muchos estudios han demostrado que tanto estudiantes como directivos y atletas tienen mayores posibilidades de triunfar cuando están convencidos de principios claros del tipo «soy capaz de cambiar las cosas gracias a mi conducta» o, simplemente, «controlo mi propia vida». Otros estudios han mostrado que un ánimo optimista predispone a generar mayor atención, claridad y rapidez en la comprensión de los procesos.

Siendo todo esto innegable, por qué no prodigamos en mayor medida principios sencillos como “lo contrario de jugar no es el trabajo, es la depresión”. ¿Por qué no se dedica más tiempo a explicar las razones del optimismo, a enseñar las competencias necesarias para infundir el sentimiento de control necesario de la propia vida, a disfrutar más y mejor con el propio trabajo, con lo que los mejores educandos llaman su ‘elemento’?

 

Extractos del artículo “Controlo mi propia vida”.

Eduard Punset (febrero 2013)