Joan Josep Tharrats: Biografía
La desaparición física del artista catalán Joan
Josep Tharrats (Girona, 1918 - Barcelona, 2001) no ha hecho más
que poner el punto final a una enfermedad que había señalado
ya tiempo atrás su muerte creativa. De todas maneras, la constelación
de Tharrats brillará eternamente en el universo del arte catalán
contemporáneo. Cualquier enciclopedia catalana, por modesta que
sea, contiene una entrada propia para Joan Josep Tharrats i Vidal -antes
que la de Margaret Thatcher, la famosa Dama de Hierro, como le gustaba
recordar a nuestro artista- que, de manera resumida, nos indicará
que fue un pintor catalán que empezó a pintar a final de
los años cuarenta, y que logró un reconocimiento sólido
a partir de la creación de las «maculaturas» (1954).
También nos recordará que fue cofundador -de hecho, algo
más que cofundador, añadimos nosotros- del grupo Dau al
Set. Que su obra pictórica -añadirán- es un estallido
con impacto de collage y que ha desarrollado una amplia tarea de divulgación
del arte y ha creado una fundación en Pineda de Mar (1991). Pero
más allá de la sinopsis enciclopédica, la vida y
obra de Tharrats es tan rica y variada y plena de matices que las pocas
líneas del diccionario enciclopédico no nos satisfacen.
Intentar hacer un respaso a su trayectoria vital y artística nos
puede ayudar a perfilar con más conocimiento las características
de esta constelación Tharrats que, como decíamos, se ha
ganado un lugar en el arte catalán de postguerra.
LA INFANCIA
Joan Josep Tharrats nació en Girona en 1918, hijo del poeta Josep
Tharrats. Pasó su infancia y adolescencia en esta ciudad inmortal
con un toque levítico, entre Patufets y otras publicaciones
infantiles catalanas ilustradas por grandes dibujantes, como Apel.les
Mestres, Junceda, Apa, Llaverias, Cornet, etc., que decoraron su infancia.
Todo este mundo de la ilustración catalana, tan rico en publicaciones
infantiles y juveniles, será liquidado brutalmente con la Guerra
Civil del 36. De todas maneras, este primer contacto por medio de las
publicaciones infantiles de aquel tiempo con los grandes ilustradores
que hemos citado antes despertó en Tharrats una primera atracción
hacia el mundo del arte. Que este primer contacto con los Patufets
de turno dejó una huella profunda en la sensibilidad de Joan Josep
Tharrats resultará corroborado por el hecho de que su discurso
de ingreso en la Real Academia Catalana de Bellas Artes de Sant Jordi
-escrito en 1994, cuando Tharrats ya tenía 76 años- versará
sobre El Arte de la Ilustración en la Catalunya del siglo XX. En
este discurso, que lo convertía en académico electo de esta
ilustre institución, Tharrats pasó revista a todos aquellos
dibujantes e ilustradores que poblaron con sus dibujos su infancia. El
ambiente familiar gerundense, muy marcado por la figura paterna, era culto,
ilustrado, catalanista, profundamente religioso, como correspondía
a una familia de la burguesía pudiente de aquella época.
FORMACIÓN FRANCESA
El joven Tharrats siguió los estudios elementales pertinentes, y en 1932, con sólo catorce años, inició sus estudios de bachiller en Besiers, en Francia, de donde regresó dos años después. Su formación en el lycée francés fue, como correspondía entonces, eminentemente literaria. Tharrats regresó del país vecino imbuido de lengua, literatura y cultura francesa. Volviendo de Besiers, su familia se instaló en Barcelona y Tharrats continuó allí su formación académica hasta el ingreso en la Escuela Massana en el año 1935. Un año después, el estallido de la Guerra Civil abre un paréntesis largo y oscuro: movilizaciones, campamentos, hambre, frío, muertos, bombardeos, destrucción... Una vez finalizada la Guerra Civil, Joan Josep Tharrats debe cumplir un servicio militar de cuatro años. Esta pesadilla se cierra el año 1942 cuando regresa a una Barcelona desarbolada lingüística y culturalmente, autárquica, ocupada... con el eco de los bombardeos y los combates de la Segunda Guerra Mundial en el horizonte del resto de Europa.
LOS AÑOS CUARENTA
Paradójicamente, los años cuarenta serán para Tharrats un tiempo de búsquedas y pruebas febriles. Decimos «paradójicamente», porque nos encontramos en el período más duro y cruel de la postguerra, en que las secuelas de la guerra y una política genocida contra la lengua y la cultura catalanas habían producido un panorama desolador de tierra quemada. A partir de la segunda mitad de los años cuarenta Tharrats asiste con asiduidad a los actos que organiza el Instituto Francés de Barcelona, que son prácticamente los únicos actos con cierto interés que se llevan a cabo en la capital de Catalunya. En este ambiente conoce a August Puig, a los pintores Joan Ponç, Modest Cuixart y Antoni Tàpies y al poeta Joan Brossa. Tharrats es el mayor del grupo, y también, quizás, el aglutinante y el promotor. El año 1948 es la fecha mítica de la formación del grupo Dau al Set y de la revista que llevará el mismo nombre y que será de cierto modo su carta de presentación.
DAU AL SET
La aparición del grupo Dau al Set en medio del desierto
cultural y de todo tipo de final de la década de los cuarenta sólo
puede ser considerada como un milagro, como un oasis en un desierto. La
génesis de este grupo de vanguardia -de hecho, del único
grupo de vanguardia catalán de la postguerra-, los integrantes,
la duración, incluso la existencia de un grupo cohesionado como
tal con un ideario común ha hecho, a posteriori, correr ríos
de tinta. Sea como fuere, el grupo Dau al Set estuvo formado
inicialmente por los pintores Antoni Tàpies, Modest Cuixart y Joan
Ponc, los escritores Joan Brossa y Arnau Puig y por Joan Josep Tharrats,
quien consta como fundador del grupo en el primer número de la
revista -título que con posterioridad le ha sido discutido por
algunos de sus correligionarios-. Poco después se añadiría
Juan Eduardo Cirlot.
Aunque consta que el grupo se disolvió en 1952, Joan Josep Tharrats
mantuvo, prácticamente en solitario, la publicación viva
hasta 1956. Si una revista como Dau al Set existió fue
gracias a Tharrats, quien siempre se encargó de la impresión
de la revista en una mítica máquina Boston de su propiedad
y quien veló por la difusión de la publicación. De
hecho, tampoco hay que engañarse: la trascendencia social, popular,
por decirlo de alguna manera de la revista fue muy reducida. Las circunstancias
no permitían mucho más. La revista se distribuía
de modo clandestino entre un grupo reducido de personas interesadas por
la cultura y el arte, entre lo que había quedado de las élites
intelectuales de nuestro país, que, poco a poco, se iban recuperando
del palo de la Guerra Civil... y poca cosa más. No obstante, eso
no le resta mérito a la empresa, porque todo el mundo ha reconocido
que Dau al Set, tanto el grupo como la revista, supusieron históricamente
el retomar la conexión con las ricas vanguardias de antes de la
Guerra Civil. Esto resulta innegable. Además, Dau al Set
fue el embrión de un grupo de artistas de gran talento que explotaron
en esa época, y de qué modo: Tharrats, Tàpies, Ponç,
Cuixart, Brossa, por citar los elementos del grupo que después
han tenido una importancia innegable en el mundo del arte catalán
e internacional.
LAS «MACULATURAS»
Durante la década de los cincuenta y sesenta, Tharrats consolida su vocación artística y pictórica iniciada de modo tímido con anterioridad a la formación de Dau al Set. Con pasos de gigante, pinta, crea e investiga de manera frenética. Realiza las primeras exposiciones colectivas, viaja por Europa, entra en contacto con otros artistas extranjeros, escribe, por ejemplo la Guía elemental de la pintura moderna (1950), Antoni Tàpies o el Dado Moderno de Versalles (1950). Quizá no se ha recalcado lo suficiente la importancia divulgativa y pedagógica que ejerció Tharrats a lo largo de su vida. Tharrats habló y escribió de manera insistente sobre arte, sobre el arte de vanguardia de su tiempo, dando a conocer nombres, obras, tendencias del arte moderno occidental. Los artículos más interesantes de esta aportación ensayística de Tharrats fueron recogidas posteriormente en los volúmenes Cien años de pintura en Cadaqués (1981), Damas de todos los colores (1992) y Surrealismo en el Ampurdán y otras fantasías (1993), entre otras. Es también en esta época cuando Tharrats da a conocer al mundo sus «maculaturas». En el mundo de la impresión, que Tharrats conocía muy bien, se da el nombre de «maculatura» a la hoja que ha sido impresa de modo defectuoso, es decir, a la hoja que se encallaba entre los rodillos de la prensa y quedaba manchada por las retintadas sucesivas. Tharrats, en sus pruebas, advierte que a veces las maculaturas de imprenta conseguían por azar una belleza muy característica. Tharrats aplica este principio a su obra y fuerza la producción de maculaturas con resultados artísticos excelentes, que le otorgan un reconocimiento internacional. A partir de entonces se suceden las exposiciones por toda Europa y el reconocimiento nacional e internacional, que han hecho de Joan Josep Tharrats un artista catalán internacional.
FINAL DE TRAYECTO: PINEDA DE MAR
Pineda de Mar tuvo la suerte de «vivir» la última etapa artística de Joan Josep Tharrats. Queremos creer que Tharrats se sintió bien acogido y querido en Pineda. Y que esto le satisfizo y le hizo feliz. Todo empezó en 1989, cuando el Área de Cultura del Ayuntamiento de entonces decidió hacer una exposición de pinturas de Joan Josep Tharrats. La petición fue recibida con una cierta indiferencia por el artista, porque a Tharrats hacía mucho tiempo que se le abrían todas las galerías de Barcelona, que exponía con facilidad en el extranjero, etc. Para Tharrats, exponer en una población como Pineda, con una falta total de tradición en el mundo del arte contemporáneo, suponía más problemas que otra cosa. Pero, ¿quién podía adivinar que precisamente esta población del Maresme acogería su Fundación? Vayamos paso a paso. Finalmente, los responsables de la antigua Sala Municipal de Exposiciones consiguieron vencer las reticencias iniciales del fundador del Dau al Set yTharrats accedió a llevar a cabo la exposición Pinturas, Dibujos, Grabados y Tapices, en la cual de una manera sumaria se pasaba revista a los diversos ámbitos artísticos en los que se movía nuestro artista. La exposición se inauguró el 10 de junio de aquel mismo año con un éxito rotundo de público. Este hecho halagó a Tharrats, quien seguramente para compensar sus reticencias iniciales, hizo donación del collage titulado Homenaje a Pineda, que fue reproducido en la portada del programa de la Fiesta Mayor de aquel año. A partir de ese momento las cosas se precipitan y el consistorio pinedense, presidido por Josep Lluís Fillat, para responder a la generosidad y a las atenciones del artista, decide bautizar la calle que une la Masía de Can Jalpí, de propiedad municipal, con el colegio Jaime I, con el nombre de Joan Josep Tharrats.
EL TAPIZ DE PINEDA
Mientras tanto, surgió la idea de hacer una versión sobre
tapiz del collage que Joan Josep Tharrats había donado al Ayuntamiento
de Pineda de Mar. Tharrats llevaba tiempo interesado por el mundo del
tapiz y había hecho tejer un número considerable de sus
piezas con esta técnica. De hecho, esta interacción entre
pintura y lana, entre tela y tapiz, no era nueva en el mundo del arte
contemporáneo; así, por ejemplo, la colaboración
entre el sublime pintor Joan Miró y el maestro tapicero Josep Royo
había dado durante la década de los setenta unos resultados
más que satisfactorios. Y esto sólo en una época
reciente, porque la importancia del tapiz com pieza artística en
Catalunya se remonta al Tapiz de la Creación de Girona,
tejido a caballo de los siglos XI y XII. Así pues, se decidió
que se encargaría la elaboración de este tapiz a la Escuela
de Tapiz del Centro de la Mercè de Girona, que dirige el artista
tapicero Carles Delclaux, con quien Tharrats ya había trabajado
en la elaboración de otras piezas. Con la intención de comprobar
los progresos y la factura del tapiz, se acordó que una vez por
semana Joan Josep Tharrats iría a Girona, acompañado por
Joan Pujadas, responsable de la Sala Municipal de Exposiciones. La relación
de Pineda de Mar con Joan Josep Tharrats se fue fortaleciendo a medida
que avanzaba la elaboración del tapiz de Pineda, que se presentó
en sociedad en una exposición inaugurada el 7 de abril de 1990.
LA FUNDACIÓN THARRATS
En 1990 Joan Josep Tharrats ilustra la portada del programa de la Fiesta
Mayor y monta la exposición Maculaturas para la antigua
Sala Municipal de la plaza Catalunya, que se inaugura en el mes de agosto,
coincidiendo con la Fiesta Mayor. Esta exposición es importante
porque, por primera vez, se daba a conocer en Pineda de Mar una de las
aportaciones más importantes de Joan Josep Tharrats a la historia
del arte contemporáneo, sus maculaturas. Mientras, sin embargo,
iba madurando entre el equipo de gobierno municipal y el artista algún
tipo de colaboración que perpetuase de alguna manera las excelentes
relaciones creadas entre Tharrats y Pineda. Existía la propuesta
de crear algún tipo de centro de arte contemporáneo. Tharrats,
con muy buen criterio, rechazó esta idea si quería centrarse
en la pintura, por la sencilla razón de que ya por aquel entonces,
al principio de la década de los noventa, la adquisición
del fondo necesario mínimo para dotar la Fundación habría
costado una fortuna. Tharrats, sin embargo, fue dándole vueltas
a la idea, hasta proponer la creación de un centro dedicado al
arte gráfico. De hecho, la idea era buena, porque entonces no existía
ningún centro que se dedicara a la difusión de esta técnica
artística tan ligada al arte contemporáneo. De esta manera,
se llegó al acuerdo de crear la Fundación Tharrats de Arte
Gráfico. Esta Fundación llevaba el nombre del artista, no
sólo a modo de homenaje a nuestro artista, sino también
porque Tharrats quiso asumir el papel de patrón, dándole
el crédito de su prestigio e implicándose completamente
al hacer donación de un ejemplar de cada una de las piezas y colecciones
de grabados hechas por él y cediendo toda la colección de
grabados de otros artistas que el poseía para el fondo de la Fundación.
La realidad física de la Fundación Tharrats se hizo realidad
el 6 de abril de 1991, cuando se inauguró a bombo y platillo la
sede de la Fundación situada en el segundo piso del Ayuntamiento.
El acto fue presidido por el presidente del Parlamento de Catalunya, Joaquim
Xicoy, y tuvo como anfitriones, además del patrón de la
Fundación, Joan Josep Tharrats, el alcalde de Pineda de Mar de
entonces, Josep Lluís Fillat, el diputado de Hacienda de la Diputación
de Barcelona, Joan Rangel, y el director general de Patrimonio Artístico
de la Generalitat, Eduard Carbonell, acompañados por todo el consistorio
en pleno.
LOS PRlMEROS PASOS
A partir de entonces se inician las actividades de la Fundación.
Un mes después de la inauguración, tiene lugar una exposición
sobre la producción gráfica de artistas extranjeros y se
hace la presentación del libro Valentine Hugo, de Cathy Bernheim,
a cargo del prestigioso crítico de arte Rafael Santos Torroella.
En junio de 1991 la Fundación Tharrats participa activamente en
el acto de homenaje al escritor Vicenç Riera Llorca, con motivo
de su muerte. Este acto emotivo contó con la presencia de varios
colegas de Riera Llorca, como Avel.lí Artís Gener Tísner,
Víctor Alba, Teresa Pàmies, Joaquim Ventalló y Pilar
Munné, además del patrón de la Fundación,
que glosó la figura y el carácter del añorado Riera
Llorca. Los actos de la Fundación se multiplican, como corresponde
a una institución joven, creada poco tiempo antes. Tharrats hará
en Pineda, bajo el amparo de la Fundación, diversas exposiciones
individuales: en el año 1992 y a caballo de los años 1994-1995.
Precisamente el año olímpico del 92, Joan Josep Tharrats
será invitado a leer el pregón de la Fiesta Mayor. La Fundación
organiza exposiciones de homenaje a Joan Miró, coincidiendo con
los actos del denominado Año Miró, y al filólogo
Joan Coromines, que coincide con el nonagésimo cumpleaños
del prestigioso erudito. Son actos que tienen trascendencia, no sólo
a nivel local y comarcal, sino también a nivel nacional.
LA FUNDACIÓN SIN THARRATS
La última visita de Joan Josep Tharrats a Pineda de Mar tuvo lugar
el día 2 de abril de 1996, con ocasión de una macroexposición
de arte japonés contemporáneo que se inauguró en
la Fundación Tharrats. Ya por aquel entonces, Tharrats, que tenía
78 años, había empezado a mostrar síntomas de una
cierta decadencia intelectual. Los peores pronósticos se cumplieron
y J. J. Tharrats se retiró de la vida pública y artística
por culpa de una enfermedad degenerativa. A partir de entonces la Fundación,
aunque no ha dejado de organizar actividades, ha sentido, y de qué
manera, la falta de guía del patrón. Como decíamos,
no obstante, esta institución no ha permanecido inactiva: ha organizado
exposiciones para la Sala Municipal de Exposiciones, ha publicado libros,
ha hecho presentaciones...
Finalmente, el 4 de julio de 2001 nos llegó la fatal noticia de
la muerte del maestro Tharrats, patrón de la Fundación Tharrats
de Arte Gráfico. Quede constancia aquí de nuestro más
sentido homenaje.
HACIA EL FUTURO
De hecho, el mejor homenaje que se le podrá hacer a Tharrats es que, después de este impasse provocado por la enfermedad de Joan Josep Tharrats, es que la fundación que lleva su nombre se reactive y que, tal y como era el deseo fundacional de su patrón, llegue a convertirse en un punto de referencio en el mundo del arte gráfico.
