Historia
De los orígenes a la edad media
Diversos vestigios de la época ibérica (siglo IV aC) hallados
en diferentes lugares del municipio de Pineda (en la colina del Montpalau
y cerca del Mas Castellar) testimonian el poblamiento del término
desde épocas bien remotas. Los asentamientos ibéricos son
bastante numerosos en todo el Maresme, poblado por la tribu de los layetanos,
cuyo territorio ocupaba toda la
franja litoral desde el Llobregat hasta
la Tordera. Sus habitantes se situaban en pequeños promontorios
alejados de la costa.
El intenso proceso de romanización de la comarca a partir del siglo I aC condujo a la progresiva ocupación de la zona costera, donde aparecieron numerosas villas, bien comunicadas a través del ramal de la Via Augusta, que conducía hasta Barcino. En Pineda existen restos de una importante villa romana en el mas de Can Roig, donde desembocaba un largo acueducto, cuatro arcadas del cual son todavía visibles cerca de Can Cua.
La alta edad media
Desués de la ocupación árabe, a partir del siglo
IX, el término de Pineda formaba parte de una gran demarcación
que se extendía desde la Tordera a Caldetas. A partir del siglo
XI aparece en la documentación el castillo de Montpalau que, junto
con el de Palafolls, se repartía la jurisdicción de todo
el Alto Maresme.Las tierras de Montpalau, en buena parte despobladas,
ocupaban un extenso territorio que comprendía las parroquias de
Arenys, Sant Iscle y Sant Cebriá de Vallalta, Horsavinyà,
Vallmanya y una gran parte de Sant Pere de Riu y de Santa Maria de Pineda.
Durante el siglo XII, la señoría superior del castillo
de Montpalau estaba en manos de la poderosa familia de los Cabrera, que
la mantuvo hasta finales del siglo XVI.
En cuanto a la parroquia de Pineda, que entonces comprendía lo que hoy son Calella y Santa Susanna, sabemos que la iglesia de Santa María fue consagrada en 1079. Durante aquella época no existía todavía un núcleo agrupado de población, solo unas cuantas casas de campo dispersas por el sector interior del término.
El nacimiento de la villa
Hacia finales del siglo XII empiezan a construirse cerca de la iglesia las primeras casas que formaron una calle única en torno al camino real, la antigua via romana que, paralela a la costa, llegaba a Barcelona. Este primitivo núcleo urbano era conocido con el nombre de la Pobla de Sa Buada. En 1338, el vizconde Bernat II de Cabrera otorgó carta de población al entorno del mercado que poco antes había sido concedido por el rey al sector de Capasbre. Este hecho daría lugar al nacimiento de la villa de Calella, que hacia 1400 se convirtió en sede de la alcaldía y centro administrativo de la zona.
La población fue creciendo durante el siglo XV, al final del cual lo que hoy es el término de Pineda contaba con 49 focs (hogares), 32 de los cuales conformaban el núcleo de Sa Buada.
La edad moderna
El crecimiento urbano de Pineda continuó lentamente durante el
siglo XVI, cuando se edificó la actual plaza de Cataluña
y un tramo del camino del Mar, abierto poco antes de empezar la centuria.
En aquella época eran frecuentes los ataques de piratas y corsarios
turcos y barbarescos a poblaciones de la costa, que motivaron la construcción
de numerosas torres de vigilancia y defensa y la fortificación
de la iglesia, construida pocos años antes.
Una inscripción
en el dintel del portal de la iglesia hace referencia al cruento ataque
sufrido por la población el 1 de agosto de 1545 por parte de corsarios
turcos capitaneados por el famoso Dragut.
El decurso del siglo XVII marca una etapa de cierto estancamiento en toda la comarca, consagrada casi en exclusividad a las actividades agrarias. Dos factores influyeron negativamente en el desarrollo normal de la población: por un lado, las guerras entre España y Francia a partir de 1635, y al mismo tiempo, las epidemias de peste que afectaron gravemente a la comarca hacia la mitad del siglo.
Es a partir del siglo XVIII, una vez finalizada la guerra de Sucesión en 1714, cuando Pineda, como todo el resto del país, logra un notable crecimiento demográfico. Según los censos de la época, Pineda pasó de 493 a 1.163 habitantes entre 1718 y 1787. En esa época tenía 164 casas agrupadas y 42 masias, y la actividad económica se encontraba ya más diversificada. A partir del libro de viajes de Francisco de Zamora, que visitó el lugar hacia 1790, sabemos que en Pineda había 22 barcas de pesca, un barco de 60 toneladas y 3 de cuatro toneladas, con un total de 100 hombres matriculados como gente de mar. Tenía telares de lino y la mayor parte de las mujeres se dedicaba a la confección de puntillas o encajes (Zamora habla de 750 mujeres con una ganancia anual de más de 27.000 libras). La actividad básica seguía siendo la agricultura, basada en la producción de vino y en el trigo.
Los siglos XIX y XX
Pineda sufrió, como la mayor parte del país, las consecuencias
de los diversos acontecimientos bélicos sucedidos a lo largo del
siglo XIX. Durante la guerra del Francés, la iglesia fue quemada
y en 1873, en plena guerra carlista, un pelotón del general Savalls
incendió parte del pueblo. A pesar de la llegada del ferrocarril,
la segunda mitad del siglo representa un nuevo periodo de estancamiento
y la población se mantiene estable sobre los 1.850 habitantes.
A principios del siglo XX, la estructura urbana de Pineda se configura
todavía en torno a la larga calle medieval, que se prolonga en
dirección a la playa en un tramo de la calle Tribala y de la calle
de Mar, sin enlazar con el pequeño núcleo de casitas que
había ido surgiendo en la parte baja de la calle de Mar, cerca
de la estación.
Las primeras décadas del siglo XX, a pesar del desastre de la filoxera, representan el inicio del crecimiento demogràfico y urbano de la villa. En este proceso tuvo un papel destacado Manuel Serra i Moret (1884-1963), importante político republicano, fundador de la Unió Socialista, que fue alcalde de Pineda entre 1914 y 1923, y el arquitecto Isidre Puig i Boada, que realizó el "plano general de alineaciones de plazas y calles de la villa de Pineda" (1922). Durante aquellos años, Pineda empezó a adquirir tradición como lugar de veraneo para muchas familias pudientes barcelonesas. En 1930 la población superaba sobradamente los 3.000 habitantes.
A partir de los años sesenta, la creciente actividad industrial, y sobre todo la llegada del turismo masificado, generan una oleada inmigratoria y un crecimiento urbanístico de proporciones colosales que en pocos años transforma radicalmente la fisonomía tradicional del municipio. Se consolidan barrios como Poblenou, nacen diversas urbanizaciones y se edifican numerosos hoteles y apartamentos. La población aumenta de forma espectacular: entre 1960 y 1995 el número de habitantes pasa de 3.278 a 17.814. En octubre de 1999 se alcanza la cifra de 20.000 habitantes y a principios de 2004 la población se sitúa en torno a los 24.000 habitantes.
